Supuestamente, una de las grandes virtudes del Universo Marvel es la humanidad de los personajes. Que tienen problemas con los que te puedes identificar.
No me queda demasiado claro, la verdad. ¿Se supone que tengo que empatizar con un tipo huérfano que está traumatizado porque la chica que le gusta no puede mirarle a los ojos porque están cubiertos por un visor de rubí para evitar volarle la cabeza con sus rayos ópticos? Pues mira, ni soy huérfano ni mutante. Espera, que esta es mejor... Un huérfano (mmm... ¿hacemos un concurso a ver cuántos huérfanos hay en el universo Marvel?) que vive con su ancianita tía al que putean en el instituto porque es el empollón... Tampoco es el caso, en el instituto yo era el empollón... pero sacaba dos cabezas al resto de clase y era un cerdo prepotente que se dirigía a sus compañeros como "seres inferiores". Y además era (y soy, y seré) heavy, con los huevos por delante.
No sé. Vamos, que los problemas de los héroes Marvel me la han soplado siempre un poquito. Como mucho, me hacían pensar "je... que pringao"
Del mismo modo, supuestamente, los héroes de DC son cuasi-divinos. Sus problemas son prácticamente inexistentes. Y no termino de estar de acuerdo... precisamente un problema personal es lo que define a Batman. Cierto es que coges a Superman y su único problema personal es si va a conseguir salvar el universo a tiempo para llegar a esa cena romántica con Lois. Y si hablamos del Capitán Marvel, la cosa ya roza lo absurdo... Pero tenemos a Green Arrow y su preocupación por las desigualdades sociales. Hay más humanidad en el GL/GA de Dennis O'Neil y Neal Adams que en el 99% de los tebeos de Marvel.
"Y toda esta chapa, ¿a qué viene?", estará pensando más de uno.
Bien. Pues es que ayer, en mi penúltima compra de tebeos del año, me encontré con que habían salido los packs de oferta del Flash de Norma. Y por algo menos de 35 eurillos se vinieron los 5 tomos conmigo.
Tras un más que correcto Wonderland (primeros 6 números de Geoff Johns, dibujos a cargo de Ángel Unzueta), nos encontramos con una historia en cuatro partes a cargo del que será el equipo creativo regular de la serie hasta el número 200: continúa Johns al guión y se embarca Scott Kolins a los lápices, haciendo un trabajo mucho mejor que en Vengadores.
"Vale, pero... ¿qué tiene que ver la chapa del principio con Flash?"
Ahí llegamos. Parece ser que Flash ha sido un picha brava antes de sentar la cabeza junto a Linda. Y ha ido dejando tiradas a varias tipas a su espalda... y de repente se reencuentra con dos de ellas. Y con ésto sí que soy capaz de identificarme. Pánico me daría tener que volver a hablar con cualquiera de todas esas ex que he ido dejando plantadas con mayor o menor motivo... (hey, una de ellas me dijo que Born Again era una infantilada... que dé gracias que sólo la mandé a la mierda y no le abrí la cabeza).
Con lo que es un poco más difícil de empatizar es con el hecho de que una de ellas es agente de policía y la otra una supervillana llamada Magenta. Manda huevos, encima las dos son capaces de provocar daño físico... Miedo me daría, macho.
No es que tenga mucha más trascendencia en la historia, pero...
"¿Encima eso? ¡Tendrás jeta, mamón!"
¡Calla ya, coño! No tiene mucha más trascendencia, pero ese hecho al principio de la historia hizo que simpatizara mucho más con el personaje. A partir de ahí, vi la historia con una perspectiva mucho más benévola.
Aún así, la historia es muy interesante. Una ola de crímenes asola Keystone City. ¿Y qué tienen en común todas las víctimas? Que previamente habían sido salvadas por Flash.
Dato adicional... Éxito narrativo que hacía tiempo que no veía. Johns define de putísima madre la ciudad. Después de este tomo, nos queda claro que Keystone es una ciudad obrera, con problemas sindicales, con un equipo de hockey un pelín cutre...
Venga, pídele a los reyes los dos packs de oferta de Flash. No te decepcionarán.

1 comentarios:
Cada dia me preocupa mas tu salud mental....
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