Me encarga el amigo Myca Vykos que le haga una
reseña de algún cómic que me haya leído últimamente. He de decir que su
blog está muy bien, pero tiene un
punto negativo: no me tiene enlazado. Mira, Myca, es muy fácil:
http://eltete.blogspot.com/. Hala, ¿ves como no era tan complicado?

Pasando por alto ese pequeño
detalle, procedo a reseñar el último cómic que he leído: El
Lobo Solitario y Su Cachorro.
Cuando vi el primer tomo pensé: “Lobo Solitario y su Cachorro. El cachorro del lobo es el lobezno. Mola, seguro que sale
Lobezno con las garras de
Adamantium cargándose samurais a punta pala. Y encima dibuja
Miller. Mola, seguro que mete a
Elektra, y sale ahí rebanando pescuezos de ninjas, y ensartando a la peña con los
sais o los sietes.”
Pues no. Ni Lobezno ni Elektra ni pollas. Y el Miller sólo dibuja la
portada. Qué desilusión. Pero bueno, como ya me había comprado los
20 tomos, pues me los leí. En la introducción dice que es un
manga, pero no me lo creo, porque en los manga tienen todos los
ojos muy grandes y los
pelos de colores. Que sí, que lo he visto en
Pokémon.
El tebeo está muy bien. Al protagonista le matan a la mujer, y se pilla un
rebote impresionante, y dice “pues ahora cojo el camino del infierno con mi hijo y
os vais a cagar”. Y vaya si lo hace. El tío es como
Jackie Chan, pero con espada, porque se lía a
rijostios con la basca, y se los carga a todos. Ahora, que acaba la historia con más
cortes que el trapo de un afilador.
A lo largo de la historia aparecen varios personajes, historias paralelas,
subtramas (me encanta esa palabra), y ninjas. Pero yo no me creo que sean
ninjas. Vale que vayan de negro y lancen estrellitas, pero los ninjas de verdad cuando
tiran magia se cargan a todos los malos de la pantalla, que es verdad, que lo he visto yo en el
Shinobi.
El bueno se llama
Itto Ogami, y es el más alto, el más fuerte, el más ágil, el más todo. Ahora, al pobre le hicieron la
faena de su vida llamándole Itto. Vaya
mierda de nombre. Me imagino las coñas: “Itto, qué bonito”. “Itto, agárrame el pito”. Como para no traumatizarse.
El
niño es muy majo, se llama
Daigoro y me recuerda a mí a su edad, pero yo hablaba más. Parece que le
cobran por abrir la boca. Ahora, que sólo sabe decir “Papá”, y en el último número se despacha a gusto, el cabrito.
Llora más que Heidi y sale
desnudo muchas veces. Si hubiera ido a mi colegio le hubieran
desollado el cuello a pescozones. Anda que no éramos cabrones, jejeje.
El malo se llama
Retsudo Yagyu, y tiene muy mala baba. Es más
malo que Darth Vader, y se parece al
Doctor Infierno de Mazinger Z. Dice que es un ninja, pero no me lo creo. Además, tiene más años que el traje de comunión de
Matusalén.
Me han dicho que no meta
spoilers, que son una putada. Pero como no sé lo que son los spoilers,
contaré el final del tebeo y todos contentos. Harto de viajar de un lado a otro, el hijo se vuelve
drogadicto y se va a vivir a una
comuna hippie en Ibiza.
Itto, por hacer la puñeta,
se casa con la madre de Retsudo, que aunque es mayor está de muy buen ver.
Retsudo se cabrea, se lleva el
Escatergoris y dice que ya no juega nadie más, hala.
Para intentar
solucionar el problema, se lo juegan a
piedra, papel o tijeras. Se van a un descampado y empiezan a jugar.
Itto se muere desangrado por las collejas, el niño le
clava una lanza a Retsudo en las tripas, por cabrón, y éste en vez de
crujirlo a collejas, va y lo adopta. Luego se reencarna en
Michael Jackson y sigue adoptando niños. El
Shogun lo flipa, se arrepiente de sus pecados, se
afeita la cabeza y se va a vivir a las montañas a comer nueces y hablar con Dios.
Y ya está, se acabó el tebeo.
20 tochacos más
gordos que un cipote y más caros que una teta de
Mar Flores. Pero está bien. Es como ver una peli de
Kurosawa, pero de derecha a izquierda y con mucha tinta negra.
Recomendable para todo
mileurista que se lo pueda permitir.