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domingo, 7 de octubre de 2012

VENEZUELA PREMONICIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA



VENEZUELA PREMONICIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA

Cuanto recuerda esta España a la Venezuela de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera y todos aquellos que alternaron el poder con el bipartidismo de Acción Democrática (AD) y el Partido Social Cristiano COPEI que sucedieron al derrocado dictador Marcos Pérez Jiménez.
A partir del 23 de enero de 1958 se alternaron en el poder ambos partidos convirtiendo la política venezolana en un carnaval de corrupción y dislates económicos y políticos que han desembocado en el populismo “militar” capitaneado por Hugo Chávez.
Con rentas ridículas, irrisorias, el venezolano tenía impreso en su adn que era rico, el más rico de Latinoamérica y miraba por encima del hombro a colombianos, ecuatorianos, brasileños y demás vecinos mientras vivía en un ranchito (favela) en las colinas que rodeaban la capital y otras importantes ciudades del país.
Esta sistemática alienación de la infancia y la juventud acabó con los necesarios resortes que el trabajo y la dedicación hacen que el ser humano como persona intente evolucionar y que se consigan logros como país. Venezuela depende para su funcionamiento ordinario de las importaciones y cuando éstas son suspendidas o reducidas por cualquier causa el país entra en crisis, no hay cartón para envasar la leche, no hay repuestos para los vehículos, no hay medicinas, no hay, no hay, no hay.
En las décadas que siguieron a la dictadura, los dos partidos mayoritarios manejaron a su antojo y beneficio las riquezas inmensas del país, contribuyeron a generar bolsas de pobreza como graneros de votos y convirtieron a los ciudadanos en “hinchas” de los colores de ambos, aderezados en un carnaval de pseudodemocracia.
Políticos corruptos, abusos, nacionalizaciones ruinosas, concesiones seculares, escuelas de himno nacional y banderita, uniformes con rémoras militares en los colegios públicos BLA, BLA, BLA
Todos estos detalles y el paso de los años, como sucede en el proceso de añejamiento del ron, fueron desanimando a una población cada vez más descreída, incrementaron hasta el infinito los atracos, asaltos, robos y otras modalidades de sustento convirtiendo a Caracas en la capital más peligrosa de Latinoamérica aunque se asigne el mérito a otras, o en el primer origen, del mercado de la cocaina hacia Europa aunque Colombia siga teniendo una fama que no se corresponde a la realidad. Hicieron desaparecer a la clase media y aborregaron a un pueblo que acudía a las urnas a decidir entre la opción mala y la peor, bajo a amenaza de sanción porque en Venezuela el voto, no sólo es un derecho sino que además es una obligación y la Ley contempla las sanciones por no ejercerlo.
La impunidad llegó hasta tales cotas que se compraban máquinas quitanieves en regiones con temperaturas de 40 ºC, o autobuses con ventanucos pensados para el transporte urbano de Lóndres en los que se asaban los caraqueños todos los días, o coches oficiales con asientos calefactados BLA, BLA, BLA.
Tampoco crean que la diferencia es tanta, aquí tenemos aeropuertos peatonales, trenes sin vías, vías y trenes sin viajeros, concesiones poco claras, financiaciones irregulares de partidos políticos, eres y gurteles, malayas y campeones, pokemones y lo que vendrá para deleite de los que nos vean desde fuera.
También nos dijeron que éramos ricos porque era necesario reunificar a las dos “alemanias” y dar salida a los excedentes de capital producidos por unos tipos artificialmente bajos que ellos mismos propiciaron como capataces de Europa.
También inocularon en la población la necesidad de cambiar de coche, comprar la casita en la playa, viajar a Nueva York de vacaciones para comprar por lo barato que resultaba con un cambio euro/dólar tan favorable. Ya no había que ir a Chipiona, Punta Cana se llenaba de obreros de la construcción animados por el crédito al consumo que le había ofrecido el director de su sucursal para sumar a la hipoteca abierta que incluía la moto del niño y el nuevo coche.
Entre tanto, nuestros gobernantes, nuestros particulares AD y COPEI, continuaron con el lavado de cerebro (cheques bebé, Champions League, ayudas al tercer mundo, inmersiones lingüísticas, embajadas autonómicas, ciudades de las artes, las ciencias, las culturas, premios de automovilismo, copas de vela, una universidad en cada esquina, un polideportivo por barrio, una piscina climatizada sin bañistas, BLA, BLA,), ignoraron las advertencias de los expertos y siguieron alimentando el vientre putrefacto de la vaca muerta al sol hasta que estalló y estampó sus vísceras fétidas sobre todos los ciudadanos.
Ahora los llamados socios europeos con la complicidad necesaria de los políticos españoles (nuestro AD y COPEI) se han asociado para decirnos que la culpa es nuestra, de los ciudadanos que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. De los emigrantes que vinieron a trabajar porque los llamamos, como por cierto hizo Venezuela con españoles, portugueses e italianos, buscando desviar la mirada y conseguir la impunidad que hasta ahora siempre han conquistado.
Y que ahora, la única solución es apretarnos el cinturón para pagar los acreedores alemanes, tapar los agujeros que produjeron políticos y acólitos en Cajas de Ahorros, Comunidades Autónomas, Organismos sin control, Fundaciones, Partidos, Sindicatos y otras asociaciones de desconocida utilidad pero todas carísimas, que al parecer no han contribuido a la ruina. La ruina la han producido los obreros de la construcción que se compraron el chalet, animados por la constructora para la que trabajaban y el director del banco. Ya tenemos chivo expiatorio ¡qué tranquilidad!
El siguiente capítulo ya lo conocemos, hartazgo, descreimiento y populismo, no vendría mal dejar de mirar el dedo cuando nos están enseñando la luna.
Venezuela reclama el territorio de la Guayana y nosotros el Peñón de Gibraltar…

ÚLTIMA HORA
PD. Hugo Chávez vencedor en las elecciones venezolanas.
A lo mejor habría que hacer más plural el parlamento español, modificar la Ley Electoral y evitar las tentaciones que hagan desaparecer, definitivamente la democracia, junto con el bipartidismo.


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